jueves 18 de octubre de 2007
adios
A los que participaron del foro, a los que me putearon. A los que se tomaron un momento, a los que entraron, a los que aconsejaron. A los que agradecieron. A los que me escucharon, a los que se emocionaron, a los que lloraron, a los que rieron, a los que se enamoraron, a los que...
Gracias a todos, en serio. Este blog no hubiera sido nada sin nadie que lo lea.
hasta pronto
miércoles 3 de octubre de 2007
El extraño caso de la camarera y la actriz
"Julie Delpy nació el 21 de diciembre de 1969 en la ciudad de la luz. Es actriz principalmente, pero también ha realizado guiones, ha dirigido y producido películas, además de participar en varias de ellas en las bandas de sonido como cantante.
Pero sin lugar a dudas la mayoría la recordemos por sus papeles en “Before Sunrise” (Antes del amanecer) en 1996 y “Before Sunset” (Antes del atardecer) la continuación del 2004.
En “Antes del Amanecer” interpreta a Celine, una estudiante francesa que en un tren que va de Budapest hacia Viena conoce a Jesse, un joven norteamericano. Él le propone bajarse en Viena y pasar el resto del día juntos, exactamente catorce horas antes del amanecer. El film relata como entre ellos surge espontáneamente un enamoramiento precoz, casi a primera vista, fatalmente predestinado al fracaso.
Lo interesante de la película es ver como entre ellos surge esa magia, esa chispa y uno se pregunta si no surge justamente porque sabían que en pocas horas se iban a separar. Se convierte en algo muy fácil enamorarse de alguien sabiendo que no podía durar más de 14 horas. Si ellos hubiesen vivido en la misma ciudad es muy probable que jamás hubiera surgido ese enamoramiento. Es muy factible que en un caso similar, las personas digan “Bueno, vivimos tan lejos, es un inconveniente extra para enamorarse”. Pero no, todo lo contrario, en el film la distancia terrestre actúa no como un contratiempo, sino como un condimento.
Pero creo que su mejor interpretación la ha realizado el año pasado.
Yo concurro asiduamente a una parrilla en zona norte. Es una parrilla de barrio, de esas que a uno le traen en jarra el vino de la casa por 6 pesos, de esas en las que no hay mollejas pero la morcilla y el chorizo es de lo más sabroso junto con las aceitosas papas.
Un día, a fines del año pasado, la camarera que me atendió era July Delpy. Pero no era parecida a July Delpy. Era July Delpy misma. Rubia, tierna, con esa mirada fatalista. Enseguida, claro, sucumbí a su encanto. Hasta que habló, en un perfecto español y me preguntó que iba a pedir, lo cual me hizo dudar un poco si era o no realmente la actriz francesa. Entonces comencé a indagar. No podía decirle abiertamente que yo sabia quién era, porque seguro que lo iba a negar. Le comenté como al pasar que era la primera vez que la veía allí, y me dijo que había empezado a trabajar hacía poco tiempo. Durante la cena coquetee un poco con ella, a la vez que proseguía con mis investigaciones. En un momento le hice referencia a su remera que decía "Available" y le pregunte si estaba disponible, a lo que me miró a los ojos y me dijo “SIEMPRE”.
Hay mujeres que uno las ve y solo piensa en llevársela a la cama. Esa sensación no es precisamente la que a uno le ocurre al ver a Julie Delpy. Justamente todo lo contrario: Su imagen de rubia, tierna, frágil y melancólica provoca cualquier cosa menos erotismo o pasión, entendiéndose a la pasión por salvaje, desenfrenada.
Ya en el final, mientras degustaba un rico flan con dulce mientras me traían la cuenta pensé en pedirle algo. Un beso seria demasiado. Un teléfono o un mail seria poco. Ante mi falta de confianza opté por pedírselo otro día, igual iba seguido a la parrilla.Luego de un tiempo la volví a ver, esta vez en un canal de cable, mientras le realizaban una entrevista. Comentaba que estaba filmando una película pero no quiso dar detalles de la trama. Si aquella vez en la parrilla me enamoré de esa camarera por ser tan parecida a Julie Delpy, ahora miraba a la verdadera actriz francesa en la televisión y solo podía pensar en aquella camarera. ¿O es que eran la misma persona?
Y ya no me la pude sacar nunca más de la cabeza. Cuando volví al mes, esta vez sin ganas de comer carne y solo con la excusa de ver a Julie Delpy, una morocha retacona me atendió, sin la misma gracia. Le pregunte si trabajaba una jovencita rubia y me dijo que sí. Le dije que por favor le avisara si podía venir un minuto a mi mesa, con la autoestima bien alta esta vez intentándome convencer de no volver a dejar pasar mi oportunidad. Grande fue mi decepción cuando vi a otra rubia, mucho más alta y mucho más grande, que no tenía nada ni de Julie, ni de Delpy ni de francesa. Cuando le dije si no había otra chica rubia, al principio me dijo que ella era la única. Luego recordó que hacia un par de meses había trabajado otra muchacha de cabellera transparente, pero que inesperadamente, había desaparecido al mes.
Después de lo que me contestó la nueva camarera, ya no tengo más dudas si era o no era realmente Julie Delpy. En cambio espero con impaciencia la salida de su próxima película para confirmar lo que siempre supe. Estoy completamente seguro que va a interpretar a una camarera española. "
Extraído de su columna en el programa "Mi gallo canta tarde" que se emite de lunes a viernes por FM 106.1.
domingo 23 de septiembre de 2007
http://weblogs.clarin.com/metronautas/archives/2007/09/dia_2_cafe_tacuba.html
http://weblogs.clarin.com/metronautas/archives/2007/09/c.html
viernes 14 de septiembre de 2007
Dialogos
CON EL RECIEN LLEGADO-¿Qué estará haciendo Dios en este momento?
- ¿Quién que?
***
-¿Qué estará haciendo Dios en este momento?
- ¿Dios? ¿Quién?
***
-¿Qué estará haciendo Dios en este momento?
- ¿Dios? JAJA
CON CAOS
-Quizás, cuando acabe todo esto, si podríamos observar el inicio del cosmos y su conclusión, ¿podríamos entonces en ese momento, entender los porqués indescifrables, el carácter de continuidad y cómo funciona el universo?
-No.
miércoles 5 de septiembre de 2007
Crucifixión
La primera sensación que sentí fue de pánico. Luego el pánico se transformó en curiosidad, más tarde en tristeza. Por ultimo en lástima. Verla allí colgada, esperándome, cada día cuando me iba a trabajar, y también, cuando ya tarde volvía a casa. Tantos años, tantos inviernos, tanto frío. Soportó lluvia en abril, frío en julio, calor en enero. A veces tenía unas ganas de salir e invitarla con un vaso de agua, o hacerla pasar y darle un plato de comida. No podía creer como esa mujer con tanta altura, que admiraba, que tanto había amado, con la que había compartido una cama, un sueño, un futuro, podía arrastrarse de esa forma. De alguna manera creo que todos somos un poco nuestros amigos, nuestros padres, nuestra mujer. Cuando ella se fue de mi vida, al comienzo pensé que me había sacado un peso de encima. Luego me di cuenta el peso que me faltaba. Ya no me sentía yo. Había perdido parte de mi esencia. Y esa esencia que había perdido era irrecuperable.
Con el tiempo, aprendí a olvidarla. Comencé primero a obviar el paso por los lugares que transitábamos juntos. Ya no iba más los domingos por la tarde al supermercado, ni salía a caminar por la plaza temprano los sábados, ni visitaba el bar de la esquina de casa los viernes por la noche. Luego aprendí a olvidar su perfume, más tarde su calor. Un día olvidé su nombre, y entonces ya no me quedó más nada de ella. Algunas veces me preguntaba, cuando volvía cansado, luego de una larga noche de borrachera, y la veía impávida, serena, sigilosa. ¿Qué se traía entre manos aquella mujer? ¿Qué estaba esperando? Siempre tan paciente, siempre tan despierta, siempre tan atenta. Al principio pensé que estaba esperando mi error, mi paso en falso. Y entonces, en ese momento, ella aparecería en escena y…
Comencé a sentir temor. Entonces, trataba de no entrar sin luz natural a casa. Empecé a salir más temprano del trabajo, a llegar antes. Por la mañana no salía de casa en invierno si no veía ya bien alto el sol. Algunas veces la miraba fijamente a los ojos, para que sepa que yo estaba bien atento. Otras veces, sin tanta autoestima, me iba con pasos rápidos, tratando de no darle oportunidad de nada. Muchas veces sentí que estaba a punto de saltarme por la espalda, de caer encima mío, de aprovecharse, de vengarse… Pero nada. Nunca me hizo daño, nunca lo intentó siquiera. Con el correr del tiempo, los miedos se disiparon. Podía volver a cualquier hora, en cualquier estado, y ella estaba allí, atenta. Hasta comencé a pensar que era como un ángel guardián. Si no había intentado rebelar su ira en tantos años, si no se había aprovechado del estado con que regresaba a casa los fines de semana…
Pero con el correr del tiempo, la duda en mi crecía. Muchas veces pensé en salir y gritarle que deseaba. O llamar a la policía, o intentar sacarla, o ejercer violencia directamente contra ella. Pero enseguida me arrepentía, seguro que iba a ser contraproducente. Pero entonces… ¿que esperaba? ¿Que planeaba acaso? ¿Que perseguía de mí? ¿Dinero? ¿Alguna posesión? ¿Mi cuerpo? ¿Controlarme? ¿Una frase?
A veces me despertaba llorando. Nunca llegue a entender bien por qué. Otras tantas veces intenté recordar mis sueños cual crucigrama para descifrar el misterio. Que enseguida me los olvidaba. Hice cursos de interpretación, visité brujos y hechiceras. Pero ninguna sabía como terminar con el enigma que me aquejaba.
Hasta que un día, durante la noche, me desperté con un grito. Una palabra. No se si estaba despierto, o si dormido me imaginaba despertándome de un sueño. Lo cierto es que esa mañana de Julio, cuando con el sol ya bien alto salí a trabajar, la vi como siempre, impávida, tiesa, serena. Al acercarme al árbol, noté que estaba muy flaca, casi sin vida y su cuerpo desangrándose cada vez más. Entonces, después de muchos años sin dirigirle la palabra, tomé coraje, me acerqué y con voz temblorosa, le hablé. Me hubiera gustado contarle todo lo que la había extrañado, cuanto la había amado, cuan importante había sido ella en mi vida, cuan solo me sentía ahora. Pero solamente me salió una palabra. El grito de los sueños. “Perdón” le dije, casi en un susurro. Entonces, como por arte de magia, como si por un suspiro de mago hubiese cobrado vida, su piel se enrojeció, y sus ojos se llenaron de lágrimas. Casi como sacándome un peso de encima, di media vuelta y me alejé, a grandes zancadas, mientras veía como ella se deshacía de los clavos en sus muñecas y pies. Esa misma noche, cuando volví de trabajar, ya no estaba.
lunes 27 de agosto de 2007
De fracasos y revalidaciones
"En la semana charlaba con un amigo que me contaba como había estado su fin de semana. Me decía, textual, “que había salido con una compañera del trabajo, que habían tomado algo, que ella tenia mucha onda, que la habia pasado bien, pero que era muy feucha la pobre”. Es más, ella tenía un inconveniente que era peor que ser muy feucha: Ella estaba interesada en él de hace mucho tiempo.
Entonces yo comentaba y él revalidaba, que al fin y al cabo, el problema mayor no era que ella era tan feucha, sino que lo acose tanto. Porque al fin y al cabo, en el terreno de la conquista, nada importaba tanto como el logro personal. ¿Y qué logro personal podía existir en concretar en la práctica con alguien que ya había sido conquistado hace mucho en el terreno de la imaginación, de la fantasia? Es más, si él ya había logrado este llamado “triunfo personal” en el plano de la fantasía, ¿qué necesidad tenía de revalidarlo en el plano terrenal? ¿Qué necesidad tenía de exponerse a todos las eventualidades e inconvenientes que podía tener en corroborarlo? Si estaba tan seguro que en el plano de las fantasías ella lo anhelaba, si en el plano de la imaginación él ya había entrado en su cama, ¿para qué introducirse bajo sus sabanas en el plano concreto? ¿Para qué exponerse a un improbable “no” como respuesta? ¿Para qué tener que ratificar todos los besos y todas las caricias que ella ya habría imaginado? ¿Para qué darle la mínima posibilidad al caos de que algo, por mas nimio que fuera, salga mal?
Concretar tiene el inconveniente que jamás va a igualar las fantasías y la imaginación previa. El problema es que son dos planos diferentes y opuestos. Es el mundo de las ideas y el mundo de la concreción. Cuando se concreta se llega al final, a la muerte de las fantasías. Es por eso que cualquier relación, sea más o sea menos formal, siempre comienza con una falla en su génesis. Hay un gran desfasaje entre la ilusión y la concreción en donde se pierden muchas cosas. Es una especie de “pecado original”, una carga, un dejo irrecuperable con el cual la relación va a tener que convivir de manera constante, por no poder igualar jamás las fantasías previas. Es una pérdida normal propia de dos soportes distintos. Es como cuando se lleva un libro a la pantalla grande... Suele existir una frase tan conocida como “una imagen vale más que mil palabras”. Y creo que es cierto. Pero ¿cuántas miles de imágenes podemos representarnos con tan solo una palabra? Si la palabra es democrática, entonces la imagen es dictadora: estatiza, define, no da a lugar a segundas lecturas, es concreta en nuestra representación personal."
Extraído de su columna en el programa "Mi gallo canta tarde" que se emite de lunes a viernes por FM 106.1.
lunes 20 de agosto de 2007
Caos

Los hombres creyeron que el Diluvio Universal había llegado por enojo de Dios al ver como ellos se comportaban en la Tierra. Incluso se encargaron de demostrarlo mediante complicadas explicaciones. Pero no. Simplemente era que, por culpa de un resfrío, se le había derramado tan sólo una lágrima al gran Caos.
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Los hombres, ignorantes, creyeron que la gran cantidad de agua que caía sin cesar en el mundo entero y tantas catástrofes provocaba era por culpa de cómo ellos habían tratado a la naturaleza durante siglos. Incluso se encargaron de demostrarlo mediante complicadas explicaciones científicas. Pero no. Simplemente eran gotas de un estornudo que había derramado el gran Caos.
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Los hombres, la más ignorante de entre todas las especies, creyeron que el fin del mundo se debía a un vaticinio divino. Incluso se encargaron de demostrarlo mediante antiguos versos de la Biblia. Pero no. Simplemente fue una fuerte tos que asestó al gran Caos.
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